Prevención activa de enfermedades crónicas desde el movimiento
Introducción
Las enfermedades crónicas no transmisibles representan hoy uno de los principales desafíos para los sistemas de salud en todo el mundo. Patologías como la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, la obesidad y algunos tipos de cáncer comparten un factor común: están fuertemente asociadas al sedentarismo y a los hábitos de vida poco activos.
Frente a este escenario, el movimiento deja de ser solo una herramienta deportiva o estética para convertirse en una estrategia central de prevención en salud. No se trata de entrenar como un atleta, sino de incorporar actividad física regular, adaptada y sostenida a lo largo del tiempo. La prevención activa comienza cuando el cuerpo vuelve a moverse.
¿Qué son las enfermedades crónicas no transmisibles?
Las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) se caracterizan por:
- Evolución lenta y prolongada
- No ser causadas por agentes infecciosos
- Requerir abordajes a largo plazo
- Estar influenciadas por factores de estilo de vida
Entre las más frecuentes se encuentran las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2, la obesidad, los trastornos metabólicos y musculoesqueléticos. La evidencia científica es clara: la inactividad física es uno de los principales factores de riesgo modificables.
El movimiento como herramienta de prevención
Mover el cuerpo de forma regular genera adaptaciones positivas en múltiples sistemas:
- Mejora de la función cardiovascular
- Regulación de la glucosa en sangre
- Control del peso corporal
- Reducción de la presión arterial
- Fortalecimiento muscular y óseo
- Mejora del estado de ánimo y la salud mental
La actividad física actúa tanto en la prevención primaria (evitar la aparición de la enfermedad) como en la prevención secundaria (mejorar el control y la evolución de patologías ya diagnosticadas).
¿Cuánto movimiento es necesario?
Las recomendaciones actuales coinciden en que no hace falta realizar volúmenes extremos de ejercicio para obtener beneficios.
De manera general, se sugiere:
- Al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada
- O 75 minutos semanales de actividad intensa
- Ejercicios de fuerza 2 o más veces por semana
Sin embargo, cualquier aumento del movimiento respecto al sedentarismo ya genera impacto positivo. Caminar, subir escaleras, moverse en el trabajo o realizar actividades recreativas también cuentan.
Tipos de actividad física con mayor impacto preventivo
Actividad aeróbica
Caminar, andar en bicicleta, nadar o bailar mejora la salud cardiovascular y metabólica. Es una de las herramientas más accesibles y sostenibles.
Entrenamiento de fuerza
Mantener la masa muscular es clave para el control de la glucosa, la salud ósea y la autonomía funcional, especialmente con el paso de los años.
Movilidad y flexibilidad
Contribuyen a la prevención de lesiones, dolores articulares y limitaciones funcionales, favoreciendo la adherencia a largo plazo.
Movimiento y salud mental
La prevención no es solo física. El movimiento regular se asocia con:
- Reducción del estrés
- Mejora del sueño
- Disminución de síntomas de ansiedad y depresión
- Aumento de la autoestima y la percepción de bienestar
Un cuerpo que se mueve mejor también gestiona mejor las demandas emocionales del día a día.
La importancia de la adaptación y la progresión
Uno de los errores más frecuentes es proponer programas de actividad física que no se adaptan a la realidad de la persona. La prevención activa requiere:
- Evaluar el punto de partida
- Respetar limitaciones y antecedentes
- Progresar de forma gradual
- Priorizar la constancia por sobre la intensidad
El mejor plan de actividad física es aquel que se puede sostener en el tiempo.
Movimiento cotidiano: más allá del entrenamiento
No todo pasa por el gimnasio o el entrenamiento formal. La prevención activa también se construye con:
- Desplazamientos activos
- Juegos y actividades recreativas
- Trabajo corporal en casa
- Pausas activas durante la jornada laboral
Reducir el tiempo sedentario es tan importante como entrenar.
Conclusión
La prevención activa de enfermedades crónicas comienza con una decisión simple pero poderosa: volver a moverse. El movimiento regular, adaptado y consciente es una de las herramientas más efectivas, económicas y accesibles para mejorar la salud y la calidad de vida.
No se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo posible. Cada paso cuenta, y cada movimiento suma.

