PRIMEROS AUXILIOS

Lesiones abiertas y cerradas: criterios de actuación

Introducción

Cuando ocurre una lesión, no alcanza con mirar si “hay sangre o no”. En primeros auxilios, distinguir entre una lesión abierta y una cerrada cambia la conducta inicial, el nivel de urgencia y la necesidad de derivación. Las lesiones abiertas comprometen la piel y pueden producir sangrado externo, mientras que las cerradas pueden no mostrar una herida visible pero igualmente generar sangrado interno, inflamación importante o daño en músculos, huesos y tejidos profundos.

¿Qué diferencia hay entre una lesión abierta y una cerrada?

Una lesión abierta es aquella en la que la piel o los tejidos quedan interrumpidos. Dentro de este grupo están las abrasiones, las laceraciones, las avulsiones y las heridas punzantes. Las abrasiones suelen ser superficiales, como un raspón; las laceraciones son cortes; las avulsiones implican un arrancamiento parcial o total de tejido; y las punzantes pueden verse pequeñas por fuera, pero ser profundas y con mayor riesgo de infección.

Una lesión cerrada, en cambio, puede presentarse después de un golpe, una caída, una contusión o un aplastamiento sin que la piel se abra. Eso no significa que sea menor. Un hematoma, una fractura, una lesión muscular o incluso un sangrado interno pueden empezar como una lesión cerrada. Por eso, en el campo deportivo, en el gimnasio o en la vida diaria, “no ver sangre” nunca debe confundirse con “no pasó nada”.

¿Qué hago primero antes de tocar la lesión?

El primer criterio de actuación es la seguridad. Antes de asistir, conviene comprobar que la escena sea segura y, si es posible, usar guantes o alguna barrera. Después hay que hacer una valoración rápida: nivel de conciencia, respiración, magnitud del sangrado, dolor, deformidad, mecanismo de lesión y posibilidad de shock. Si el sangrado es abundante, si hay compromiso de conciencia, si la persona respira mal o si el mecanismo hace sospechar lesión grave, la prioridad es activar ayuda médica urgente.

En hemorragias externas importantes, la conducta central es la presión directa firme y sostenida sobre la herida. La Cruz Roja indica que en sangrado potencialmente mortal la presión debe mantenerse hasta que ceda el sangrado o llegue ayuda, y que en extremidades un torniquete solo debe usarse si se dispone de él y se sabe utilizarlo. Además, si la persona presenta una hemorragia importante, hay que vigilar cambios en la respiración y el estado general, protegerla del frío o del exceso de calor y observar signos de shock.

¿Cómo actuar ante una lesión abierta?

En heridas abiertas leves o moderadas, el manejo inicial debe ser simple y limpio. Primero, lavarse las manos si es posible. Luego, frenar el sangrado con presión suave o firme según el caso. Después, limpiar la herida con agua corriente. Mayo Clinic recomienda en heridas punzantes y cortes enjuagar con agua entre 5 y 10 minutos, retirar suciedad visible si se puede hacer con seguridad y cubrir con un apósito limpio. También señala que el vendaje debe cambiarse a diario o cada vez que se moje o ensucie.

Un error clásico es usar sustancias irritantes “porque desinfectan más”. En cortes y raspones menores, Mayo Clinic desaconseja usar agua oxigenada o yodo directamente sobre la herida porque pueden irritar el tejido. Para lesiones simples, el agua corriente y una cobertura limpia suelen ser la base más segura del manejo inicial.

Las heridas punzantes merecen un cuidado especial. A veces sangran poco, pero pueden ser profundas, arrastrar suciedad y aumentar el riesgo de infección. Deben valorarse con más atención las producidas por metal, mordeduras, tierra, objetos sucios o las que están sobre una articulación, en cabeza, cuello, tórax, abdomen o genitales. También requieren consulta si aparece fiebre, pus, mal olor, calor local, aumento del dolor, hinchazón o líneas rojas que progresan desde la herida.

Si hay un objeto incrustado, no debe retirarse en el lugar. Tanto Mayo Clinic como la Cruz Roja y el NHS coinciden en que remover un objeto clavado puede agravar el daño y desencadenar más sangrado. La conducta correcta es estabilizarlo, aplicar presión alrededor y no sobre el objeto, cubrir la zona y derivar.

¿Qué cambia cuando la lesión es cerrada?

En una lesión cerrada, el foco está en limitar el daño secundario y detectar gravedad oculta. Si se trata de una contusión o hematoma sin deformidad evidente, Mayo Clinic recomienda elevar la zona si es posible, aplicar frío envuelto en una toalla durante 20 minutos y repetir varias veces durante uno o dos días. Si hay inflamación, una venda elástica puede ayudar, siempre que no quede demasiado apretada.

Si el dolor es intenso, hay incapacidad para mover, deformidad, chasquido, inestabilidad o mecanismo compatible con fractura, se debe tratar como una lesión ósea hasta demostrar lo contrario. La Cruz Roja aconseja no mover ni enderezar el segmento lesionado, aplicar frío protegido y sostener o inmovilizar la zona. Si además hay herida y sangrado, primero se controla la hemorragia y luego se protege la estructura lesionada.

¿Cuándo hay que sospechar sangrado interno o lesión grave?

Las lesiones cerradas son especialmente peligrosas cuando ocultan un sangrado interno. La Cruz Roja destaca como signos de alarma la presencia de sangre al toser, vomitar u orinar, una zona abdominal o torácica dolorosa, hinchada o rígida, hematomas en abdomen, tórax o cráneo, y signos de shock. Frente a este cuadro no corresponde “esperar a ver si mejora”: hay que pedir asistencia urgente.

También hay que derivar sin demora cuando la herida no deja de sangrar tras varios minutos de presión, cuando es profunda y sucia, cuando fue causada por una mordedura humana o animal, cuando compromete cabeza, cuello, tórax o abdomen, o cuando hay sospecha de fractura abierta, lesión ocular o compromiso neurológico.

¿Qué papel cumple la vacuna antitetánica?

La prevención del tétanos forma parte de la conducta correcta en heridas. El CDC recuerda que la vacunación y el manejo adecuado de la herida son las dos medidas centrales. Las heridas limpias y menores no tienen el mismo riesgo que las heridas sucias, profundas, punzantes, por mordedura o con tejido desvitalizado. En personas con esquema completo, el refuerzo depende del tipo de herida y del tiempo desde la última dosis; en heridas sucias o mayores, el umbral de refuerzo es más exigente.

Errores frecuentes que empeoran una lesión

En primeros auxilios, muchas complicaciones no aparecen por falta de recursos sino por errores básicos: minimizar una lesión cerrada porque no sangra, mover demasiado una extremidad dolorosa, sacar un objeto incrustado, colocar productos irritantes dentro de la herida, improvisar vendajes muy apretados o postergar la consulta pese a signos claros de infección o gravedad. La mejor actuación inicial no es la más espectacular, sino la más ordenada: evaluar, controlar, proteger y derivar cuando corresponde.

Conclusión

Saber diferenciar entre una lesión abierta y una cerrada permite actuar con más criterio y menos improvisación. En las abiertas, la prioridad es controlar el sangrado, limpiar cuando corresponde, cubrir y vigilar infección. En las cerradas, hay que reducir dolor e inflamación, limitar el movimiento y estar atentos a fracturas o sangrado interno. En ambos casos, los primeros minutos importan mucho, pero también importa reconocer cuándo la escena supera el alcance del primer auxilio y necesita evaluación médica. Ese criterio, más que cualquier remedio casero, es lo que realmente protege a la persona lesionada.

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